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          El conocimiento no es nada si no se comparte. La información es una herramienta esencial para el manejo del Trastorno Bipolar. El proceso de educación es indispensable. El intercambio de experiencias, cariño, amistad entre personas afines también ayuda mucho. Ese fue el propósito de este pequeño proyecto. Y se ha cumplido muy por encima de las expectativas iniciales.

          Cuando irrumpen los cambios bruscos en nuestras vidas, como en el caso de padecer el trastorno bipolar, no podemos creer que “esto” nos esté pasando a nosotros. Desgraciadamente hemos sido diagnosticados, prácticamente siempre, tras sufrir una crisis maníaca, que para colmo de males, nos repercute en nuestras existencias como una riada que se lleva prácticamente todo. Así que nos encontramos, de golpe, tomando unas medicinas de por vida, con una etiqueta y teniendo que reconstruirnos.

          Parece muy desolador, y generalmente los principios lo son. Pero a medida que vamos aceptando el hecho de que unos neurotransmisores no funcionan del todo bien y que una sustrato de carga genética hace que esto sea así y que no somos responsables de haber desencadenado una crisis, iniciamos el recorrido que nos puede llevar a la normalidad.

          Hemos aprendido mucho unos de otros, y seguimos haciéndolo. “La paciencia infinita” a la que se refirió pepe de México es una joya. Habla de tener fe en las medicinas, constancia y mucha, mucha paciencia. En cierto modo nos hemos tenido que hacer de nuevo, y puedo aventurarme a decir que una vez lograda la estabilidad somos todas personas más ricas. Más capaces de comprender, tolerar y ayudar a otros. Si el sufrimiento se controla (y se puede) se consigue de alguna manera elevar las cotas de humanidad previas al diagnóstico.

          Sabemos que es fundamental contar con un tratamiento psiquiátrico adecuado. Las medicinas son nuestras velas para navegar. La relación con el médico tiene que ser por fuerza estrecha, fluida y clara. El papel de la familia es importantísimo, necesitamos que se involucren para conseguir volver a la normalidad. Para ellos también supone un cambio radical en sus formas de vida y necesitan contar con la información necesaria para poder sobrellevar la irrupción de un cambio brusco en su cotidianidad. El psiquiatra está obligado a darles información y pautas. Los grupos de apoyo presénciales o virtuales también son de mucha utilidad. Internet le proporciona a las familias y a los afectados gran cúmulo de información.

          El sueño es nuestro timón. Hemos aprendido por propia experiencia que sin él todo va mal. Es la quilla de las velas y yo me atrevería a decir que es hasta el viento.

          El ejercicio, la dieta, disfrutar de las cosas agradables que nos puedan gustar, crear en al escala que podamos, relacionarnos con el mundo y no quedarnos lamiendo nuestras heridas...¡¡no permitir auto excluirnos de la marcha del mundo!! Insertarnos, saber que somos valiosos y que el hecho de tener un trastorno de este tipo no nos descalifica, sino que nos engrandece porque hemos conocido mil mundos en uno.

          Es una tarea posible: ser feliz con el trastornillo. Sabemos que tenemos que aprender a evitar el estrés o a saber manejarlo. Sabemos que ESTO ES UNA CIRCUNSTANCIA, en nuestras vidas y nunca nuestra esencia. Nuestra identidad es mucho más que unos neurotransmisores un tanto averiaditos.

          Podemos crear hábitos para ayudarnos a no caer en la apatía y la desidia. Tenemos que creer en nosotros mismos y en nuestras capacidades. No podemos permitir ahogarnos en la autocompasión. Somos personas acostumbradas a luchar, que nos integramos en el mundanal ruido y que al mismo tiempo sabemos que todo tiene muchos prismas.

          El estigma indudable que existe en nuestra sociedad, es una lacra nacida del miedo de los otros hacia lo diferente. Nuestra posición es no “auto limitarnos” no creernos ese estigma porque eso nos limitaría y paralizaría.